
¿Qué es el sistema? ¿De qué sistema se habla? ¿Tal vez del hegeliano, racional, sistemático y riguroso? ¿O del sistema biológico con sus tres niveles: vegetativo, sensitivo y espiritual? Quizás, ¿del sistema métrico decimal universalizado por la revolución francesa, aunque no en los países anglosajones?
Puede ser, ¿del sistema de palancas y poleas que regula todo el universo físico? ¿Por qué no del sistema respiratorio o circulatorio sin los cuales es inviable e imposible la vida de los hombres, de los animales y de las plantas?
En fin, el análisis “ex ante” se proyectaría al infinito. Por lo tanto, ¿qué quiso decir quien dijo que “esto demuestra el fracaso del sistema”?
Algunos interpretaron que el “sistema mediático” que presionó sobre los protagonistas y actores del lamentable suceso. Otros sindicaron a los mismos investigadores, desorientados, aparentemente, por las contradicciones de la pesquisa. No faltaron quienes acusaran al mismo entorno doméstico, proclive al cabal ocultamiento de alguna valiosa información.
Pero la insólita expresión que da título a esta nota, difundida como un reguero de pólvora, poco o nada tiene que ver con tales extremos reseñados; ni mucho menos con la exactitud del patrón decimal custodiado en París.
¿Qué sistema fracasó, entonces?
Resulta paradojal que el autor de la frasecita venga a ser, a la sazón, el director general de toda esta dolorosa encuesta. Aquel que, en efecto, y por su rango, dirige, organiza, orienta, ejecuta.
En una organización como la adoptada -en franca y mala imitación de las prácticas anglosajonas- la titularidad y el ejercicio de las averiguaciones pertinentes se ha conservado y reservado a la esfera de la diké (¡pobre diké!), cuando (si la imitación hubiese sido “buena”) debió haber quedado atrapada en los niveles de la función ejecutiva con contralor, incluso, popular.
Tal el método común en USA que aquí, por apego a la estabilidad burocrática, no se quiso introducir. O bien, por temor reverencial al aparato corporativo del cual, ¡por Dios!, “todos formamos parte”. Y no es cuestión, claro, de poner al desnudo sus falencias, sus malas praxis, sus favoritismos, sus prebendas.
Mas, es la sociedad misma la que vocifera: “¡el rey está desnudo!”
Nadie sabe lo que pasó, ni cómo pasó, ni por qué pasó, ni siquiera ¡cuándo pasó!
Pero lo cierto e indiscutible es que quienes tenían, y tienen, la obligación legal, moral y fáctica de resolver el entuerto no fueron CAPACES de hacerlo.
¿Fue intencional? Desde ya que no, si por intencional se entiende “malicioso” (según la mediocre dogmática de muchos). ¿Habrá sido por negligencia? En tal caso se trataría de un acto concreto, determinado y, por lo menos, querido en la acción.
Y aquí, ¡helás!, precisamente, ¡no hubo acción!, y valga la ironía.
Por el contrario, es la omisión más palpable de toda organización, la orfandad manifiesta de cualquier estrategia, la ausencia increíble (pero repetida) de las más mínimas e indispensables tácticas de indagación.
Y, principalmente, la total desconexión con todo elemental principio rector que condujera, siquiera ordenadamente, la desbandada de (supuestos) buenos propósitos y el procesamiento sistemático de tantos, discontinuos y variados datos que ninguna red informática podía llegar a contener, ya que la tecnología sola, sin el concurso simultáneo de la intuición y la experiencia, poco puede, máxime cuando se suma un hipotético (y por muchos sospechado) entramado de confusiones, y quiera Dios que no, de corrupciones y complicidades.
Después, silencio de radio y las consabidas “identidades reservadas” que vienen a sustituir la absolutamente necesaria transparencia en una exploración que arribe, a futuro, a conclusiones apodícticas, indubitadas, verificables y que no se erija, a su vez, en nuevas decepciones, en frustradas expectativas, en probanzas contaminadas, en inocentes comprometidos.
Es que, por lo más bajo, no puede graciosamente sostenerse que “el sistema ha fracasado” cuando se forma parte esencial del mismo.
Cuando se lo ha integrado ordinariamente como una parte inescindible, sin asumir jamás riesgo alguno, sin autocrítica, sin reflexión, sin arrepentimiento.
Es más que probable (es casi seguro) que el sistema haya fracasado, pero la (para algunos ignota) virtud de la prudencia imponía, al menos esta vez y ante tanto dolor, el silencio, la búsqueda, el compromiso.
Se esperaba la brújula que no sólo indicara el norte, sino que también impulsara a los auxiliares (de y en todos los grados) a alcanzarlo, dando voz y actividad a las voces de un pueblo demasiado sumiso que clama en el desierto.
Una luz se apagó. Una más. El aire se torna irrespirable, la sensación se transforma en una obsesión. Las cosas del pasado lejano y las del pasado reciente, el descontrol, la sinrazón, la inutilidad todo parece acrecentarse. Las injusticias no satisfechas “claman (lo dice la Biblia) al cielo”. El cielo permanece silencioso. Es la hora de la balanza humana. La final aguarda, sin prisa, sin pausa.
Este breve relato vale para cualquier situación de analogías invisibles y toda similitud con alguna próxima realidad es pura coincidencia.
Es tan sólo un libre y catártico juego literario, amparado en la generosa libertad constitucional de publicar las ideas por la prensa sin censura previa (art. 14 CN).
Ricardo Fraga

Mar, 28/02/2012 - 11:14am
Irónico, castizo y sentido.
Excelente.
Mar, 28/02/2012 - 12:14pm
El "sistema" es, como dice Ricardo, una entelequia construída para hecharle la culpa de un fracaso que se hace evidente y previsible.
Es sin duda una aberración aquella famosa frase del "El Estado soy Yo", pero ¡oh tiempos! ... tenía que tener las pelotas bien puestas aquel franchute para hacerse cargo. Sin duda, esta enajenación del estado a sistemas anónimos es el resultado del inacabable contubernio entre los ideólogos y los ladrones.
Como decía el viejo Alberto, ¡qué agradable sistema era la monarquía absoluta limitada por el asesinato!
Lun, 05/03/2012 - 7:23pm
Don Alberto no hacía sino citar a su querido De Maistre en Du Pape.
Lun, 05/03/2012 - 9:46pm
Anónimo:
¡Gracias!, pocos -los generalmente pelutudos-, ni saben quien fue Joseph de Maistre.
Por lo demás que se jodan.
Mié, 29/02/2012 - 9:29pm
Recuerdo bien cuando el maestro nos hablaba del sistema y del ser y de cómo las cosas no se ajustan al corset ideológico haciendo agua tarde o temprano.
Es el gran pecado de querer vivir en el orden lógico antes que en el metafísico, el de las cosas.
El sistema es eso, un orden lógico, y cuando no se adapta al orden real implosiona.
Hegel, el marxismo, la lógica del derrame del capitalismo, la democracia y las reformas procesales van bastante bien desde el sistema plasmado en el papel. El problema viene después.
Las cosas son las que son. Hay otros asuntos más donde aun la buena filosofía nos deja gusto a poco, tal vez por no ser materia sistematizable, por no poder fijársela en una sesuda reflexión.
Por ejemplo, de temas como el silencio han hablado los filósofos bastante, pero siempre a uno le queda la impresión que es materia para artistas. Estos dan en la tecla sin pensarlo demasiado, sencillamente porque saben del asunto.
Lo han vivido. No hay que ir al genio de Beethoven y el silencio en el que se vio metido y desde donde remató su obra.
Esto se puede ver en cualquier artista auténtico. Sin ir más lejos, lo dicen bien Los Chalchaleros en su merecido auto homenaje: un “Silencio tan musical, creado con timidez”, fue el que hizo posible La Nochera.
Fecundo silencio, entonces. El mismo que luego permite recordar que pasaron tres Saravias por allí -abuelo, padre e hijo-, de este modo: “De aquella rama, que dio aquel tranco, nació este gajo cantor”. Qué sentido tiene entonces que ingenieros, arquitectos, abogados, notarios, obispos, contadores, oficinistas públicos y privados, truhanes, tahúres, pillos, sinvergüenzas, médicos, informáticos, rufianes, malevos, pícaros, auditores, alcahuetes, agrimensores y otros que ejercemos profesiones más o menos estúpidas, tratemos de explicar lo que está reservado a músicos y poetas; que falla el sistema.
Tengo la inclinación de querer llamar a las cosas según mi más o menos torpe sistema mental. Así es que tengo uno que quiere que lo llamen Capitán. Dice ser Capitán. Y le pregunté:
- ¿Capitán Escarlata o Garfio?, ¿Piluso?, ¿El Gran Capitán?
- No, Capitán.
Jue, 01/03/2012 - 9:29pm
Excelentes consideraciones, Carlista.
Por algo el Cristo gustaba de las parábolas.
Del silencio, aquella aliteración famosa de San Juan de la Cruz: "un no sé qué que queda balbuciendo". Ya se sabe que hoy la noción de poesía -y de arte en general- ha quedado contraída al parloteo neurótico y la sensiblería de putos, depresivos, drogadictos, marxistas y un etcétera largo.
Y encima escriben como el culo. Shakespeare y Oscar Wilde atajaban los penales mirando a la tribuna, pero escribían y cómo. Lea cualquier poeta moderno y no meten una rima ni cuando se pasan de falopa.
En fin, yo voy a seguir tomando este vinito tan rico.
Saludos!
Mié, 07/03/2012 - 11:25am
Celebro la reaparición de El Carlista poeta iracundo y la de Adeodato borracho virtuoso.
Pero el anónimo corrector de citas me hinchó las pelotas (esto es de Iturralde). Chocolate por la noticia. Y me he despertado con ánimo de ofender (si ya sé, es de Perez Reverte). Hay que saber distinguir entre un plagiario y otro que mantiene en su cabeza el diálogo con los grandes. Probablemente el anónimo si hubiera estado bajo la Cruz de Cristo en su pasión cuando clamó "¡Elí ...Elí!", hubiera dicho ¡eso lo dijo el salmista!.
Cuando le digo a mi vieja "te amo", podríamos encontrar infinitos antecedentes para la frase, lo original es mi vieja y mi amor. Para mi dolor recuerdo el día en que al pobre Alberto le presentaron su hijo agonizando, molido de dolor, en la cama de un hospital, y dijo bajito ... "ecce homo" .... La frase era original de Alberto. Alberto era original, y aquella frase en cuestión me la dijo viandando y libando, y en su momento era oportuna y era de él y para nosotros, aunque antes la hayan dicho miles. Me cisco en la propiedad privada de los aciertos. La propiedad la da la oportunidad del mismo. Y aunque no sé bien porqué me ofusqué, lo cortés no quita lo caliente (anónimo argentino), si tuvo el anónimo buenas intenciones, el estilo fué petulante.
Mié, 07/03/2012 - 12:07pm
Estimado Adeodato,
agrego a tu comentario, que hay que terminar con ese estereotipo estúpido que para ser un buen artista (en este caso hablando concretamente de la poesía), se necesita ser alcohólico, drogodependiente, depresivo, conflictuado, y en lo posible, puto destartalado.
Está lleno de esas lacras que no generan un carajo de arte de ningún tipo, justamente porque el alcohol y la droga les ha fritado el cerebro, o por estar muy ocupados atendiendo los dos mostradores, lo cual les saca tiempo para la poesía....
De la misma manera, hay excelentes poetas que son normales, pero siguiendo ese estereotipo ya la gente piensa que si no se sientan, al menos se apoyan.
Basta de prejuicios, y vamos a pensar más con nuestra cabeza. Cosa que a vos Adeodato, con esos vinitos que tomás, te va a costar un poco......
Mié, 07/03/2012 - 4:20pm
Epa, Roque, que yo tomo vino bueno y tinto, y no tetra de zurdo o cualquier otra mierda de esas que uno tomaba cuando era jovenzuelo. Recuerdo un almacenero del barrio que vendía un vino hecho por él que se llamaba "Combate". Al segundo trago entendí la perfecta correspondencia nominal. Una vez le oí decir a Alejandro Dolina que los grandes artistas "lo son a pesar de sus vicios, y no por ellos". Inmejorable apreciación al respecto. Lamentablemente, el estereotipo se ha impuesto, como dice usted.
Fíjese quién es el adalid de la literatura "popular" de hace varios años, o uno de ellos: Eduardo Galeano. La quintaesencia del poeta (y eso que no debe haber escrito nunca en verso, supongo). Bueno, si Galeano es poeta, yo soy un centauro con gonorrea.
El tipo es zurdo, y si no tiene un semáforo en el culo para ordenar el tránsito en ambos sentidos, anda ahí. Todo lo que escribe es pelotudez zurda.
El talento no va a salvar a nadie en el otro mundo, y sólo Dios sabe quién se salva y quién no; pero a veces el talento de verdad sí salva o redime en éste mundo, en el de las apariencias y la consideración humana. Así, García Márquez será zurdo pero su talento genuino (al menos a mi criterio) le da una especie de redención humana, terrestre, seglar. O sea: un olvido de lo que no comparto con él. Eso ya es bastante.
Tampoco hay que olvidar que los tres mejores poetas de todos los tiempos en lengua castellana fueron católicos, y dos de ellos religiosos: Sor Juana Inés de la Cruz, Garcilaso de la Vega y San Juan de la Cruz. (Esteban me reprochará que falta Quevedo, pero bueno, sobre gustos...)
PD:
Dardo Calderón, notable apunte sobre la originalidad. Se agradece lo de borracho virtuoso.
Hoy de noche brindo en honor a ese título.
Mié, 07/03/2012 - 11:33pm
Amigo Adeodato:
Nada que reprochar la falta del gran Quevedo, si su obra me la "morfé" con gusto y placer durante un exilio que me impuse durantes dos años (no sólo Quevedo...).
Dardo es un "animal hermano" al que se le puede aceptar todo, más por considerarme "hermano" por "decreto", pactada entre mi padre y el suyo: una amistad que siento en mis entrepedos y blá, blá...
Extraño, y me divierto gozosamente con las poesías de Fray Trabucaire; que están publicadas en este sitio.
Y me embarga la melancolía: una enfermedad tremenda; que creo es hereditaria.
Gracias y abrazos, aunque sobrio...
Jue, 08/03/2012 - 12:09am
Coincido con Adeodato, no solo en la importancia que le da a Dolina, auténtico escritor aunque zurdo. También por García Márquez. Cien años de soledad, es igual, si no mejor, que la mismísima Adan Buenosayres. Pero no ventilemos más nuestras crípticas herejías, que nos leen chicos que con facilidad mezclan todo y sacan malas conclusiones.
Jue, 08/03/2012 - 11:23am
La discusión exige ciertas precisiones:
Homero parece ser que era hijo de una esclava seducida, que tuvo una juventud bohemia, quedó ciego por una enfermedad. Virgilio un epicúreo, solterón. Horacio (carpe diem) otro epicúreo, parece que también solterón, mantiene una "amistad" con Mecenas por la que piden ser enterrados juntos (¿?). Dante se sabe que amó a Beatriz de lejos, pero también parece que amó de cerca a un cierto varón. Se arrepintió por supuesto.
Francois Villón, para que explayarse. Los clásicos españoles, flor de plantitas, con mejor tendencia de bajar polleras que de abrir braguetas, pero todo un muestrario de vicios .
De ahí para adelante la estadística es contundente, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Poe (The Craven es maravilloso). Ezra Pound era machito pero bien trastornado. Lo raro son los poetas que resulten tipos normales.
Ah... el Rey David fué un poeta, agarrate catalina su vida. Está bien, Santo Tomás escribió algunas poesías y buenas, pero no lo tomó como oficio.
Lo de Guiraldes es sin duda un poema, y estaba bastante chiflado. Hernandez fue un tipo cabal. Lugones se saltó la tapa de los sesos. Castellani fue pésimo poeta y excelente tipo.
Con respecto a Germán Roca, confio en la vigilancia de Bárbara.
Caballeros, como cultor del género, puedo afrimar que la poesía tiende a desequilibrar desde la sensualidad y es extremadamente peligrosa. Las primeras poesías y canciones de la historia las escribieron los cainitas. El intelecto se nutre adecuadamente en la filosofía aristotélica. Lo malo de Platón es poesía. La filosofía moderna, sobre todo la alemana, es poesía.
Roque, cuando alguien le diga que es poeta, escóndale las hijas, no deje su wiski a mano, póngase un plato de loza en el trasero, oculte su billetera y échelo de su casa. Eso si, no sea prejuicioso.
Todas las artes fuera del necesario corset que impone la expresión religiosa, tienden a la monstruosidad y todos sus cultores terminan siendo monstruos... geniales a veces, pero monstruos.
Ezra Pound les decía a sus discípulos (pensar que uno de ellos fue el hijo de puta de Hemingway) que cuando el espíritu poético los elevara a cumbres insondables, urgentemente bajaran y se pusieran a leer la Summa para ajustar y templar el instrumento cerebral, y luego que borren la mitad de lo que escribieron.
La literatura, como la imaginación, es la loca de la casa. De Dolina no he leído nada, esas son pestes que uno se agarra en Buenos Aires. Cien años de soledad me gustó un rato, otras cosas me gustaron más (¡me hiciste tan feliz Montiel! ese relato me hace pénsar en la tendencia masoquista que tenemos los lectores de literatura).
Terminada una novela o un poema, gran parte de nosotros queremos terminar el día en un bar, medio en pedo y al borde de una puta.
Después de Aristóteles, Santo Tomás, Gilsón (por decir), mi Viejo, uno vuelve a su casa tranquilo a ordenar la tropa, convencido que es un buen padre de familia. La termino con esta.
Mi vieja, que era una Genovesa astuta (su abuela era de apellido Seghezza - sagacidad-) cuando el viejo se ponía a escribir sus cuentos a escondidas, ella pasaba limpiando el escritorio y con el rabillo lo intuía. Entonces le pegaba en la cabeza unos coscorrones y le decía ¡escribí cosas serias!. Ni que hablar cuando el viejo con su madre (la Bouchet) se ponían a recitar ...
Le sanglots longs, de violons, de l'automme, blesen mon coeur de une longuer monotonne... la genovesa sacaba vapor por las orejas y les corria las sillas para pasar el trapo.
¡A laburar, carajo! quería decir con su gesto, y siempre estuvo orgullosa del trabajo de su marido.
A laburar.
Jue, 08/03/2012 - 9:50pm
Bueno; esto se puso muy divertido, y prefiero seguir sin opinar más que lo que opiné, a falta de poder incarle a algún brebaje que me estimule...
Vie, 09/03/2012 - 8:05am
Diferentes motivos me obligan a esta intervención.
El primero, que necesito en la oficina simular estar preocupado y trabajando en el traslado de una Expresión de Agravios que se vence el lunes, a la par que me cago en los abogados que apelan las sentencias favorables a mi peculio y en esas boludeces empalagozas al estilo "es importante trabajar en equipo".
El segundo, que con esto de que Budú, que no es bolú, eligió para el choreo a un partner mendocino, se corre el riesgo que se agranden si se los deja hablar solos.
Le dije a Dardo hace poco que la próxima vez le llevaría una Historia de los Caballos de Leopoldo Lugones (hijo) y una Cueca larga de los Pincheira, de don Manolo González, que le iban a gustar.
Me animo a aconsejarle ahora que compre los dos primeros libros de Dolina: Crónica del Ángel Gris y El libro del fantasma.
Los dos posteriores, Lo que me costó el amor de Laura y El bar del infierno, no valen la pena. Podrá disfrutar de esa mezcla que hace entre Borges, Arlt y Marechal, con mayor influencia de Arlt que del resto, aunque sospecho que Dolina hubiese querido ser más borgeano que otra cosa; pero no. Dolina es un mundo insondable, maravilloso: él sabe, como los griegos, que el cosmos tiene un orden.
De allí deduce que cada hombre abandonado por su compañera es una chance más, pero no necesariamente porque él ahora pueda apuntarle a ésta, sino porque aun cuando no sea él su próximo compañero, ella, estando libre, ocupará el lugar que otra ocuparía con otro hombre; siendo así, este hombre le dejaría libre a la mujer que dejó de tomar, que tal vez nunca llegó a conocer, por arrimarse a la primer abandonadora. Así es que finge dolor frente los relatos de desamor de sus amigos del bar.
Lo que quise decir en mi comentario anterior iba en la línea de lo que comentábamos con los Dardos, padre e hijo, no hace mucho y conversando sobre las diferentes aristas que se abrían ante la posibilidad de hacer cosas buenas metido en política; pero en democracia, ya que no queda otra. Una de éstas era el tema de los hijos: Dardo decía bien, los chicos ven en blanco y negro, son extremos (nada que ver con Radio Cristiandad), es difícil explicarles que se transa con determinada calaña para luego ayudar a la gente.
El costo puede venir al nivel familiar. Lo mismo con lo que se lee. Los chicos no están para distinciones y los padres estamos para bajar líneas claras. Y hablando de padres, hijos y poetas, también coincido con Dardo y cito las coplas populares:
Y es que tu tata te prohibió,
de un trovero enamorarte,
y con las alas mojadas,
cobarde vuelo no alzaste.
Es el lamento de los copleros. Claro, no deben tener hijas.
Bragueteros hijos de p…
Vie, 09/03/2012 - 12:00pm
Me olvidaba, lo de Chaquespeare ¿está probado? porque no me suena para nada.
DARDO
Vie, 09/03/2012 - 4:49pm
De Shakespeare no hay casi nada probado, ni siquiera que un solo señor con ese nombre haya escrito todas las obras que se le adjudican (la conjetura Marlowe, etc).
La teoría de la homosexualidad surge del estudio de sus Sonetos.
En Internet hay bastante sobre eso, aunque como todo lo de Internet, hay que andar con ojo.
Pero ciertamente sé que se ha tratado académicamente. Me adhiero muy fervorosamente a la recomendación del Carlista de los dos libros más tempranos de Dolina, en especial de "Crónicas del ángel gris".
Y sí, la literatura es la loca de la casa, pero si no estuviera, la casa sería bastante más aburrida de habitar. No sólo de filosofía vive el hombre.
Insisto: Dios encarnó en un carpintero al que le encantaba hablar en parábolas.
No encarnó en un teólogo de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.
Vie, 09/03/2012 - 9:16am
Borges empezó a escribir cuentos fantásticos al cabo de convalecer al borde de la muerte de un golpazo que se dió en la cabeza, infección incluida. Si yo ahora me reviento el mate contra la pared, no escribo una mierda, y con la suerte que tengo, o termino muerto o descerebrado o impotente.
Pero seguro que no escribo El Aleph ni El Sur. Del mismo modo, si yo ahora me empedo, me voy a un bar de señoritos y me hago lustrar la cámara séptica, no voy a escribir "El retrato de Dorian Gray". Si me corto la oreja, no soy Van Gogh; si me vuelan una mano de un tiro, no escribo el Quijote. Sobran putos, suicidas, locos, opiómanos, alcohólicos, incestuosos, egomaníacos y otras yerbas; genios hay muy poquititos.
En fin, un profesor que conocí solía decir que el romanticismo -el estilo vital o la escuela literaria- le había hecho un daño terrible al arte. Habría que ver si tenía razón.
Vie, 09/03/2012 - 7:52pm
Con temor y temblor voy a hacer caso de las recomendaciones de Germán, pero siempre aferrado a mis provincianas conductas.
Entiendan la diferencia; lo de la chance que crea la mina funciona en Bs As que son diez millones; cuando sos cuatro gatos locos lo máximo que sucede es que terminás en una permuta con el vecino de al lado, que además resulta ser pariente o padrino de uno de tus hijos y el balance cósmico se va a la mierda y nadie trata de encontrarse en un bar porque en esta refriega todos saben si sos constipado o la tenés chiquita.
Vean al socio mendocino de Budú, dejó la mina y esta no tuvo más remedio que batirlo con la cana porque en pueblos chicos las venganzas con el culo no funcionan y no hay códigos tangueros.
En cuanto a Adeodato, algo serio señala. Cuando comprás la idea de que los putos son artistas, surgen legiones que quieren ingresar al gremio por esta puerta trasera y sólo terminan operados de hemorroides. El problema es comenzar por ser un genio sensible y que como dice el Filósofo, nada hay en el intelecto que no haya entrado por los sentidos, se te ponga que debes estar meta sentir y termines que sientas meter.
Que el asunto es comprender más y sentir menos y que su viejo profesor tenía razón y que es buena ocasión para cagarse en Echeverría y porqué no, también en Budú.
Mié, 14/03/2012 - 9:27am
A ver escritores de pluma audaz y pensamiento certero,
que desgranan conscientes verdades descubiertas,
si logran dar cabida a este poeta eurítmico,
de mundos ebúrneos,
y, a su pesar,
se solaza en su lectura entusiasta.
Apreciado Esteban:
Encontré estas letras que son de un poeta provinciano, solitario y desconocido, que encajan como colofón de comentarios tan sesudos.
Neroli
Mié, 14/03/2012 - 9:43pm
Amigo Neroli:
Preciosa la prosa; que viene como anillo al dedo.
Pero seguro que aparecerá algún amigo que le zampará una respuesta... Porque son testarudos, hasta los que andamos por la misma vereda...
Igual: ¡Que bienvenida sea!
Abrazos y Gracias.
Mié, 14/03/2012 - 10:18pm
¿Sabe, Esteban, que son versos?
Se ve que llegaron mal. No importa, se comprendió.
Déjelos que den respuesta, al fin y al cabo, es para ellos.
Neroli
Jue, 15/03/2012 - 7:03am
Neroli:
Perdón:
Digo versos.
Abrazos